Photoshop...
una aventajada aplicación
DINOSAURIOS
Hace ya unos cuantos años que conozco a Photoshop. Inseparables
desde entonces, hoy, poder dedicar todo mi tiempo a averiguar y
entender hasta la última entraña de su
renovado
ser para perpetuarlo en un libro, hace que me sienta bien. Atractiva
aplicación.
¿Quién
no ha oído hablar de Photoshop?
Desde su nacimiento (debido al esforzado empeño que, entre rodajes,
dedicaba a construir un programa informático con el que hacer mejor
su trabajo, un inquieto profesional de
los efectos especiales cinematográficos) hasta nuestros días, esta
aplicación ha ido acompañada de fama y buena reputación.
Primero para Mac (mayoritariamente usados por los profesionales
relacionados con el sonido y la imagen, estos ordenadores siempre
han ofrecido las requeridas características de calidad, potencia
e interface audiovisual, que los llamados PC presentan sólo
en los últimos tiempos) y actualmente también para PC-Windows, Adobe
siempre ha elaborado productos de contrastada calidad.
Y si el paquete de aplicaciones, que estos artistas del software
nos ofrecen, no tiene desperdicio, aún podemos hablar de un cabeza
de serie que ya habrá adivinado el lector: mi querida Photoshop.
Consecuentemente, la aplicación más popular de Adobe, buque insignia
de la casa y estándar profesional para el retoque fotográfico y
el tratamiento de imágenes, se encuentra en la cima de una sólida
montaña; es una líder de líderes; es la Reina.
Entiendo que la popularidad no conlleve necesariamente calidad (esto
solo ocurre en contados personajes y aislados hechos). Precisamente
es la búsqueda de esa popularidad por inadecuados atajos, o el dar
absoluta prioridad a otros fines (como pueda serlo el económico)
demasiado lejanos al de engrandecer el trabajo en sí mismo, lo que
suele desembocar en usos antinaturales de ese trabajo que lo guían
por mediocres senderos que luego, más o menos conscientemente, intereses
no publicables, nos llevan a justificar.
Pero “contados personajes” no son ninguno y, no por “aislados”,
los hechos dejan de suceder. Ahí están Mozat, Cassius Clay, Mahatma
Gandhi, Picasso, David Bobbie, Teresa de Calcuta, Chillida, Beethoben,
Lejarreta, Goya, Bob Marley, Errandonea, José Ingenieros, Sócrates,
Einstein, Supertramp, Modigliani, Pink Floid, El Quijote, El Cristo
del Abismo o las Coplas que Jorge Manrique dedicó a la muerte de
su padre, para hacerme saber que, en este mundo, aún existen auténticos
Dinosaurios dispuestos a realizar su trabajo con valentía y dignidad.
Un producto tan contrastadamente bueno como esta Photoshop, no ha
podido realizarse de otro modo. Pienso en su padre; en aquel inquieto
profesional de los efectos especiales cinematográficos. Lo imagino
trabajando sin descanso en sus horas libres. Lo veo disfrutar de
pequeños éxitos, dudar, tropezar, levantarse, fortalecerse, ignorar
vulgares muestras de “activa incomprensión” (desafuero generado
por gatuperio de neuronas inutilizadas por el miedo, con oscuro
barrillo de alcantarillado, en insuficiente hueco... cerebral),
avanzar con su ilusión, soñar con su aplicación...
Y se me ocurre que, este hombre (al que solo me cabe suponer inteligente,
noble y valiente), no solo parió a Photoshop; debió
tener el suficiente tiempo para enseñarle al menos a gatear.
¿Quién sabe?
Yo, ya digo que no lo sé.
Asido a mi imaginación, lo que ahora hago es volar, otear,
rastrear, olisquear... Intento obtener más indicios de bestias
de gran tamaño que percibo por aquí.
Es mi olfato el que me cuenta que, a esta bella aplicación,
le suelen rondar Dinosaurios.