¿Por
qué el arte busca la belleza?, ¿Qué es la belleza?,
¿Cómo puedo acercarme a ella?, ¿Por qué
se encuentran tantos obstáculos sociales en ese camino?
Cuando
pinto, siento que lo que intento es una total unión con la
obra; conseguir el más exacto reflejo de mí mismo.
O sea, el más exacto reflejo de un ser humano con las particularidades
de un individuo perteneciente además a un colectivo en un
momento histórico y social. Lo cual, observada mi paralela
búsqueda de un total acuerdo con mi idea de la belleza, me
lleva a pensar que, si madurase totalmente en el ámbito
de lo estético, una imagen me haría entender su verdad
y el considerarla bella, supondría el descubrimiento
de mi verdad. La belleza está en la verdad, tiene algo de
subjetivo y su total conocimiento intuyo que está solo reservado
a Dios.
Soy consciente de mis inevitables limitaciones para triunfar absolutamente
en este terreno, pero sé que esa misma consciencia es la
que me regala con la humildad necesaria para trabajar con constancia
y sinceridad, y me permite disfrutar valorando cada relativo
acercamiento a ese infinito fin.
Pretender haber llegado a la meta para repetirse en la obra, cuando
no es ignorancia es una justificación dirigida a ocultar
una actitud acomodada o un simple cansancio intelectual y no representa
a un creador sino a un imitador del que se fue. Porque un artista
sólo actúa como tal cuando experimenta el continuo
progreso resultante de un eterno aprendizaje en el proceso creativo
y de la permanente adaptación a la propia evolución
personal.
Lo cual me lleva a pensar en que si mi lucha por reflejar mi verdad
existe y consigo avances, el resultado será distinto y original
y la comprensión del público tenderá a ser
tardía. Esta incomprensión se traducirá en
acoso directo y, momentáneamente, sólo la fe en mi
trabajo me dará el valor y la fuerza para ser insobornable
y mantenerme fiel a mis planteamientos con independencia e integridad.
Lo original es indispensable en la verdadera creación. Lo
ya hecho no tiene sentido hacer y por caminos ya trillados poco
vamos a descubrir. Aún la búsqueda en lo desconocido
por desconocido es necesaria si tenemos verdadera ambición
de saber. Ahí encontraremos gran parte de lo que otros no
han hallado ya.
Por lo tanto, dejemos de poner zancadillas a quienes se adentran
por los inseguros parajes del visionar las distintas e inimaginadas
posibilidades que surgen de replantear lo ya aceptado. No seamos
tan necios o tan interesados como para decir que tenemos
la verdad. No la tenemos y sólo nos queda ese oscuro camino
por explorar.
De todas formas, ante la sospecha de que, en este mundo, no existe
la verdad sino un curioso juego en torno a ella, y reconociendo
que, también para mí, todo esto es en algunos casos,
sólo teoría, aclararé que la idea de tirar
la primera piedra la mantengo siempre lo mas alejada posible en
mis planteamientos de acción. Son tantas las veces en las
que mi propia piel me pide sentar ciertas bases para vivir con un
poco de tranquilidad...
Aún así, dejemos pasar a los más resistentes.
Seamos honestos