Napoleón
se interesó por las ciencias ocultas, frecuentó astrólogos en París
y conquistó Egipto empujado por generales y familiares masones. Estos
son algunos datos de la vida del emperador en los que se detiene el
escritor Javier Sierra para articular su novela El secreto egipcio de
Napoleón (La Esfera de los Libros), si bien el episodio principal de
la obra es el que transcurre durante la noche del 12 de agosto de 1799.
Fue entonces cuando el general Bonaparte pasó la noche en solitario
en el interior de la Gran Pirámide de Giza.
Fascinado
por lo que él denomina «la letra pequeña de la Historia», Javier Sierra
profundizó en las causas por las que Napoleón quiso enfrentarse a una
experiencia casi mística, como la de quedarse aislado durante 12 horas
en un lugar tan especial como un monumento funerario. «Yo creo que buscaba
un reto: el de morir en vida para superar así el miedo a la propia muerte.
A partir de aquella experiencia, se convirtió en un estratega muy temerario»,
elucubra Javier Sierra, al tiempo que confirma que, poco después de
aquel episodio, Napoleón regresó a Francia, dio el golpe del 18 Brumario
que le convierte en señor de Francia y terminó siendo emperador.
A
Javier Sierra, que ha visitado Egipto en más de 20 ocasiones, le gusta
poner el acento en esos pequeños detalles de la Historia que suelen
pasar desapercibidos a los eruditos o, como mucho, quedan reflejados
en apenas una línea biográfica. «Mientras que la historia se ocupa de
los qués, a mí me interesan los porqués.¿Por qué Napoleón Bonaparte,
con 28 años, reúne a un grupo de 33.000 soldados para atravesar en diagonal
el Mediterráneo y conquistar un país que no tenía en la época ningún
interés desde el punto de vista estratégico y político?», se preguntó
Javier Sierra antes de emborracharse de datos y libros sobre la vida
de los Bonaparte.
Con
el tiempo llegó a la conclusión de que «Napoleón se fue a Egipto buscando
su propia gloria y para salir de allí convertido en un héroe. El buscó
un lugar mítico, un espacio en el que antes estuvieron Julio César y
Alejandro Magno, para regresar después como un héroe mítico, que es
lo que necesitaba Francia en ese momento. El sabía que no podía regresar
hasta que no diera un golpe de efecto relevante y se dio cuenta de lo
importante que era, en esta operación, el elemento simbólico».
Símbolos
egipcios
Toda
la vida es símbolo. Es algo que mantiene Javier Sierra y que lo tiene
más claro desde que visitó Egipto por primera vez, si bien matiza que
«nuestra sociedad industrial ha perdido el gusto por los símbolos. Probablemente,
el último hombre que gozó con los símbolos antiguos fue Napoleón, quien
no sólo disfrutó de ellos en Egipto, sino que luego los exportó a Francia.
Levantó esfinges en torno a las Tullerías, hizo una fuente en la plaza
del Chatelet con símbolos egipcios, cambió el escudo de París... Porque
Napoleón, supersticioso como pocos, aprendió de los egipcios el uso
de los símbolos como amuletos del poder».
De
El secreto egipcio de Napoleón se han realizado, en apenas un mes, cuatro
ediciones. Javier Sierra trata de explicar el éxito de este título,
y el de otros de tema histórico, en que «estas novelas son las únicas
que nos relacionan con la literatura clásica, porque nos devuelven el
placer y el gusto por contar historias. Hemos pasado de contar historias
en la novela a contar la Historia con la novela».
Javier
Sierra es autor también de las novelas La dama azul, sobre la historia
de Sor María Jesús de Agreda, a quien se le atribuye, sin salir de su
convento, la evangelización de Nuevo México, Arizona y Texas, y Las
puertas templarias, una narración que da cuenta de la fascinación del
hombre por representar sobre la tierra, con sus templos y catedrales,
el orden cósmico que, al menos sobre el papel, es patrimonio de los
dioses.
PILAR
ORTEGA BARGUEÑO